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Halloween, que miedo…


Aunque a mí lo que más miedo me da es volver el lunes al trabajo. Lo odio. Bueno a lo que vamos. Hoy os voy a contar una curiosidad que tiene que ver con el día de Todos los Santos. Esta “fiesta”, por llamarlo de alguna manera, viene desde hace tela. De cuando el Papa Gregorio IV (ya sabéis el nombre de otro Papa) ordenó en el año 835, que el mundo cristiano honre a todos los santos del cielo el día 1 de noviembre. Se cree que el tío Gregorio eligió el 1 de noviembre porque coincidía con una de las cuatro grandes fiestas de los pueblos germanos, ya que la política de la Iglesia en esos años era reemplazar y eliminar todos los ritos paganos, resultando así fiestas como por ejemplo la festividad San Juan o la propia Navidad. Solsticio, solsticio, que listos eran estos tíos.

Al día siguiente, el 2 de noviembre, se “celebra” (como se lo montaban los colegas) la Fiesta de los Difuntos. La Iglesia recuerda las enseñanzas de San Pablo, en las que todos estamos llamados a la santidad, aunque creo que las personas que más se aproximan son las madres, por lo de Santas digo. Por eso si rezamos por todos los “ausentes” facilitamos la entrada al paraíso a las almas que están en el purgatorio, es decir, ejercemos de porteros de discoteca. Es este día en principio en el que debemos honrar a los muertos.

El problema es que las cosas degeneraron (que novedad) y al final las ofrendas, la fiesta y toda la parafernalia se hace el día uno de noviembre que es festivo y que este año cae muy mal por cierto.

Para más información mirar en internet o preguntarle al cura cuando vayáis a la iglesia los domingos. Bueno, mirad en internet mejor.

P.D.: La Santa Iglesia Católica ha emitido un comunicado en que se queja de Halloween y de sus historias, así que a ser buenos y nada de ponerse hasta el ojete la noche del 31, ser respetuosos.

Recordad: Aquí no encontraréis a Dios, pero quizás tengáis una experiencia religiosa.

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